Electores no "quebrarían" el voto y se inclinarían por partidos minoritarios
Analistas aseguran que la multiplicidad de partidos no afecta la gobernabilidad.
Si bien entre una buena parte de los electores del país parece imperar el deseo de abstenerse de votar en las elecciones del próximo 5 de febrero, los que por ahora dicen que sí ejercerán ese derecho en su mayoría piensan no "quebrar" (dividir) su voto en las papeletas para presidente y diputados, y se inclinarían por respaldar partidos minoritarios.
Aun cuando no esté entre sus planes fraccionar el voto, la mayor parte de los sondeados consideraron que esta práctica es importante en el sistema político, pues contribuye a distribuir el poder entre diversos grupos.
Con el fin de tener una idea de las intenciones políticas de la ciudadanía de cara a los próximos comicios nacionales, este Semanario realizó un sondeo entre 53 personas escogidas al azar en la Plaza de la Cultura -centro de San José- y en los alrededores del "American Outlet Mall" en San Pedro de Montes de Oca.
Las preguntas se centraron en la intención de los electores por quebrar o no su voto, si le atribuyen importancia a esa práctica, y si pensaban sufragar por alguno de los dos partidos mayoritarios: Liberación Nacional (PLN) y Unidad Social Cristiana (PUSC).
Uno de los resultados más llamativos fue que de las 53 personas interrogadas, 14 dijeron que no apoyarán a ninguno de los partidos tradicionales, mientras que 11 sí lo harán. Cabe aclarar que el trabajo de campo hecho por este periódico solo pretendió recoger diversos criterios de los electores, por lo que no se siguió una metodología con rigurosidad estadística.
Del grupo consultado 37 fueron hombres y 16 mujeres, provenientes en buena parte de comunidades como Moravia, Alajuelita, Hatillos, Desamparados.
También se le pidió la opinión a cuatro analistas: Luis Guillermo Solís, José Carlos Chinchilla, Fernando Zeledón y Silvia Lara, quienes en su mayoría no descartan que en las próximas elecciones se mantenga la tendencia de los últimos años, a fraccionar el voto.
El panorama electoral para febrero no es nada claro y por el momento lo único que parece que mantendrá su comportamiento de los últimos procesos, es el crecimiento del abstencionismo, que en el 2002 rondó el 32%. En los otros rubros, las dudas prevalecen.
Una encuesta reciente del Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO) de la Universidad Nacional en Heredia (UNA), demuestra las dudas y el malestar que sienten los costarricenses contra los políticos, lo cual podría materializarse para las elecciones en abstencionismo y en división del voto.
Resultado
Al responder a la pregunta de UNIVERSIDAD de si en las próximas elecciones votarían por el mismo partido en ambas papeletas (presidente y diputados), de las 53 personas sondeadas 22 dijeron que no quebrarán su voto, en tanto que 11 sí piensan hacerlo; 14 no votarán y 6 están inseguras de ir.
Respecto a si les parece importante dividir el voto, 21 ciudadanos coincidieron en que sí y 17 le restaron relevancia; 6 no supieron responder y 9 prefirieron no opinar.
Cuando se le consultó a los 53 electores si daría su voto a alguno de los partidos mayoritarios (PLN-PUSC), 24 de ellos descartaron esta posibilidad, 11 sí lo harán y 4 estaban indecisos. El resto: 14, no acudirá a las urnas.
De los resultados obtenidos del sondeo, se percibe que no hay uniformidad de criterio en cuanto a si es ventajoso o no fraccionar el voto. Unos alegan que es necesario darles distintas cuotas de poder a los diferentes grupos, en aras de un sistema más pluralista y democrático. Otros, estiman que un partido político con mayoría en la Asamblea Legislativa facilita la labor del gobierno.
Los datos que arrojó esta consulta sí indican un malestar ostensible contra el bipartidismo PLN-PUSC, ya que un segmento mayoritario (24) rechazó apoyarlos y tan solo 11 los acuerparán. De mantenerse estas intenciones, esos partidos tradicionales serían los grandes perdedores en las elecciones.
Por el contrario, las agrupaciones minoritarias captarían el voto de muchos ciudadanos molestos y desilusionados de los grandes partidos, en incluso de aquellos que por ahora dicen que no irán a sufragar.
Cabe mencionar que según una información del diario La Nación -basada en la encuesta que realiza la empresa UNIMER-, en agosto pasado 37 de cada 100 costarricenses pensaban quebrar su voto en las próximas elecciones, mientras que en abril anterior la relación era de 50 por cada 100.
Esa misma encuesta corroboró la pérdida de caudal electoral del PLN y PUSC en dicho periodo, al disminuir el apoyo que recibían en un 4% y 5%, respectivamente. En general, el grupo que dijo no apoyar a ninguno de estos dos partidos, subió del 35% al 47%.
En la campaña política actual, partidos como Liberación Nacional tratan de convencer al elector para que no divida su apoyo en febrero próximo, con miras a tener una fracción legislativa mayoritaria que le facilite su gestión y que no ocurra el entrabamiento que ha experimentado este gobierno y los últimos por la "atomización" partidaria, sumado a un Poder Ejecutivo poco competente para negociar.
Mientras tanto, la encuesta del IDESPO arroja datos con una mayor precisión estadística, ya que entrevistaron en setiembre pasado a 600 personas, las cuales se refieren a sus inquietudes electorales.
El trabajo del IDESPO indica que un 58% de los votantes (72% en 1997) acostumbra apoyar en las papeletas a un solo partido (el 64% de ellos por tradición y costumbre) y el resto quiebra su voto (el 44.4% luego de evaluar las cualidades y capacidades de los candidatos).
En cuanto a la evaluación del abstencionismo (38%), los resultados expresan que la mayor cantidad de encuestados abstencionistas (58.7%) justifican su decisión de no votar por la desconfianza y la corrupción política, y porque no les convence ningún candidato o partido (32.1%).
Lo que dicen los analistas
Al explicar los factores que llevan a los votantes a decidir qué hacer con su voto, el especialista de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica -Fernando Zeledón- enfatizó en que aquí se deben de tomar en cuenta un serie de consideraciones históricas.
Recordó que antes de la década de 1980, mucha de la gente que empezó a conformar el padrón electoral, eran los hijos, nietos u otros familiares, de las personas que se vieron afectadas -para bien o para mal- por la guerra civil de 1948. Esa herencia familiar posibilitó el voto en bloque o por la misma papeleta del partido de sus simpatías, en todas sus categorías.
Zeledón agregó que los afectos estaban muy ligados al tema de los caudillos políticos y eso se rompe paulatinamente a partir de los años 80, cuando se da la crisis del bipartidismo. "En esta época empiezan a nacer los hijos de los hijos de 1948 y podríamos decir que comienza a haber un corte en la herencia familiar del voto, y quienes empiezan a votar en estos años ya no tienen los mencionados afectos políticos, aparte de que crecen en una época de crisis en todos los campos, con cierto desapego a los partidos políticos, a los viejos liderazgos".
Según el politólogo, todo esto genera una especie de racionalidad conciente del votante, de que si vota en las papeletas por partidos distintos influye en lo que se puede conceptuar como gobernabilidad; es un sistema que tiene que esforzarse mucho más en la búsqueda de consensos, en la negociación, en las alianzas, para que los pactos no sean entre dos sino entre más agrupaciones.
Es así como desde 1994 los gobiernos no tienen mayoría en la Asamblea Legislativa y esta particularidad se acentúa en el 2002. Para los comicios del 2006, no descarta que la tendencia se mantenga.
Dentro de los electores que podrían quebrar su voto, Zeledón mencionó dos grupos en particular. Uno, los jóvenes que por su edad no están identificados con ninguno de los dos partidos mayoritarios.
El otro grupo lo integrarían los mayores de 50 años, quienes a pesar de estar influenciados por la guerra de 1948, se sienten traicionados por los últimos acontecimientos de corrupción, tráfico de influencias, y otros.
Para el decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional en Heredia (UNA) -José Carlos Chinchilla- el gran malestar y desconfianza que existe entre los electores hacia la clase política, hace que los ciudadanos busquen fragmentar su voto, en una tendencia que ya lleva varias administraciones.
"En la última campaña, vimos que los partidos tradicionales no lograron tener una representación en la Asamblea Legislativa tan significativa como la que tuvieron en años anteriores, y por lo tanto creo que en esta elección no va a variar".
A su parecer "solo los muy liberacionistas, y los que tengan una relación clientelar con el partido mantendrán una línea de voto corrido. Pero, otros sectores -que aún no están decididos- creo que quebrarán el voto. Pienso que habrá una Asamblea muy dividida, y por eso supongo que de ahora en adelante la campaña estará orientada a tratar de que la gente vote por su partido sin dividir el apoyo".
Por su parte, el profesor de la Escuela de Ciencias Políticas de la UCR -Luis Guillermo Solís-, sostiene que la división del voto "es un recurso que no debería subestimarse y tampoco necesariamente debilita la democracia". Además, "la convocatoria a un voto corrido no conviene en momentos en que la sociedad costarricense pareciera estar muy fragmentada".
En relación con las razones para no votar por un mismo partido, aparte de la insatisfacción política de los electores, Solís citó la conciencia de la ciudadanía de que en determinadas coyunturas, otorgar "un mandato excesivamente hegemónico puede ser dañino para el país".
El politólogo estima que "la sociedad costarricense está fragmentada y un voto corrido no reflejaría la realidad que impera en el país". Sin embargo, asegura que si se diera un voto corrido, "esto será un mensaje muy poderoso de la voluntad del electorado, de querer un gobierno que tenga plena hegemonía".
¿Afecta a la gobernabilidad?
A pesar de que quebrar el voto es una opción que tienen los electores para de alguna manera "castigar" a un partido o de no concentrar el poder en uno solo, la acción también tiene algunas desventajas, como fraccionar la composición del cuerpo legislativo y con ello dificultar la toma de decisiones.
Estos inconvenientes fueron puntualizados por la socióloga y expresidenta ejecutiva del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) -Silvia Lara-, quien augura para los sufragios de febrero una menor propensión del elector a repartir su voto.
"A pesar de que en esta coyuntura una le puede reconocer algunas virtudes a la pluralidad partidaria en la Asamblea Legislativa, esto no ha contribuido a legitimar la representación en este órgano y tampoco suscribo que esa pluralidad generó problemas de gobernabilidad. Quienes afirman esto último, lo que resienten es justamente la pérdida de poder del bipartidismo", comentó Lara.
Para ella, la diversidad parlamentaria actual no se tradujo en una mejor representación de los intereses de los distintos sectores, y en una mayor eficiencia del aparato legislador.
Lara propugna una mejor representación legislativa, ya sea mediante una integración pluralista, o por medio del fortalecimiento del bipartidismo. Alguno de los dos tiene que remozarse para canalizar en forma más adecuada los intereses nacionales. Estamos ensayando como país para ver qué es lo que más conviene, pues para esto no hay una receta, advirtió.
Una posición un tanto diferente expresó José Carlos Chinchilla, al plantear que "hay una idea que no necesariamente corresponde con la realidad: que solo es gobernable un país cuando tiene una Asamblea Legislativa mayoritariamente vinculada al Poder Ejecutivo, como cuando dominó el bipartidismo" (PLN-PUSC).
El sociólogo añadió que "esto es un mito que no corresponde a la realidad de una democracia que tiene que evolucionar e incluso ser gobernable con la inclusión de los distintos intereses que presenta la sociedad".
Al ahondar sobre su idea, Chinchilla detalló que "para alcanzar esta gobernabilidad, tiene que haber capacidad de negociación y el ejercicio político tiene que ser de más alta calidad de la que hemos tenido hasta el momento, en el sentido de que efectivamente habrá que sentarse a negociar, y no sobre asuntos superficiales, sino sobre los de fondo".
Puede ser más sencillo gobernar si el Ejecutivo tiene una Asamblea a su favor. Pero, que sea sencillo no quiere decir que sea mejor, y el país debe aspirar a esto último, exhortó el especialista de la UNA.
Por otro lado, el politólogo Fernando Zeledón lamentó que "el sistema presidencialista costarricense, por lo que hemos vivido en los últimos años, muestra que no hemos estado leyendo bien cómo entender este pluralismo y operacionalizarlo, o bien, hay gente que todavía cree que esto es bipartidista y sigue pensando en su dominio. No veo a los partidos capacitando en materia de negociación y acuerdos a sus candidatos a diputados".
Los votantes opinan
Estos son los criterios expresados por algunas de las personas sondeadas por este Semanario, en torno a la quiebra del voto y al apoyo a los partidos mayoritarios.
Rodolfo López, trabaja en una imprenta. Estoy tan indeciso que ni siquiera lo he pensado. Votaría por un partido tradicional, para ver si se arregla un poco esto. Creo que hay que votar parejo en la papeleta. Al presidente le conviene que tenga la mayoría de la diputación en la Asamblea, para que no le pase como a otros presidentes que tienen minoría; es una forma de respaldar al presidente.
Angie Fonseca, estudiante. Todavía no he decido qué voy a hacer con mi voto. Si me decido me parece mejor un partido pequeño, porque me da más confianza. En este caso creo mejor votar parejo en la papeleta por un solo partido. Si la Asamblea queda repartida habría muchos pleitos.
Cristian Badilla, comerciante. Todavía no sé por quién votar. No estoy muy seguro con lo de repartir el voto; la verdad es que sí es mejor votar por el mismo partido para diputados y presidente.
Santiago Segura, pensionado. Voy a votar por un partido minoritario. Los pequeños son más leales. En las papeletas voy a votar parejo para diputados y presidente. Hay que escoger bien a los diputados. Para diputados hay que pensar en gente luchadora; ya no se puede confiar en los candidatos de los partidos mayoritarios.
Vitalia Sandoval, ama de casa. No votaré por un partido mayoritario. Pienso repartir el voto por diferentes partidos. Considero importante que la Asamblea esté representada por diferentes partidos.
Miguel Chaves, trabaja en un cine. Pienso votar por un partido tradicional. No pienso quebrar el voto, para respaldar al presidente; lo hago más que todo por tradición.
Miguel Ángel Tinoco, comerciante. Es importante votar, pero todavía no he decidido por quién hacerlo. Por un partido tradicional no va a ser, pues hay que buscar nuevas opciones. Siempre he quebrado el voto; es importante para distribuir el poder un poco. No creo que el fraccionamiento de la Asamblea sea lo que atasque el trabajo. Tiene que ver con la madurez política de la gente.
Luzmilda Rojas, ama de casa. Pienso votar por un partido tradicional. Siempre doy el voto en todas las papeletas por el mismo partido, porque una da la opción a que se haga un buen gobierno.
Lindsay Flores, estudiante. Voy a votar por un partido que no sea tradicional. Pienso repartir el voto. Lo hago porque quizás no sólo pienso en el partido, sino en la persona que exactamente va a ocupar el cargo para diputado.
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EDUARDO RAMÍREZ FLORES
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